Con lo que el cliente ya te ha contado y tu plantilla de siempre, el presupuesto queda montado y esperándote. El trabajo mecánico lo hace el sistema; el criterio y el precio los pones tú.
Parte de lo que el cliente ya ha contado: qué pide, dónde y las fotos que ha mandado.
Usa tus precios y tu plantilla, no una genérica que luego tengas que rehacer entera.
Te lo deja preparado para revisar y enviar, no para empezarlo de cero.
Te avisa de lo que falta antes de que sea tarde: los datos del cliente, los de la casa, la referencia que siempre se pide al final.
Cada presupuesto que sale queda registrado y con su seguimiento ya en marcha.
Con lo que el cliente ha explicado y las fotos que ha mandado.
Si hace falta un dato para poder presupuestar, se pide en ese momento y no un mes después.
Con tus precios y tu formato, el presupuesto tipo queda armado.
Le das tu toque, confirmas y se envía. En minutos, no en media tarde.
Un presupuesto no se pierde
por caro. Se pierde por tarde.
El que pide precio lo pide a dos o tres a la vez, y el primero que contesta parte con ventaja. Por eso lo que importa no es hacer el presupuesto perfecto: es que salga mientras el cliente todavía se acuerda de que lo pidió. Y la foto que te manda no es para el precio: es para que tu operario sepa qué cargar en la furgoneta y no tenga que ir, mirar, volver al almacén y volver a ir.
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