No servimos a cualquier negocio. Nos dedicamos solo a instaladoras, y por eso el sistema habla tu idioma, el de las peticiones, los presupuestos y las instalaciones, y encaja con la forma en que entra el trabajo en tu sector.
Nuevas instalaciones, reformas, boletines, averías y mantenimiento.
Por el mismo número te entra una obra nueva, una avería y alguien pidiendo un boletín. Separarlo lo haces tú, mensaje a mensaje. Y para presupuestar hacen falta datos que nadie pide el primer día: se reclaman un mes después, cuando ya no contesta nadie.
Autoconsumo, baterías, legalizaciones, subvenciones y postventa.
La instalación son dos días. El expediente son cuatro meses. Y esos cuatro meses el cliente te llama a ti. Además, el interesado que te ha costado dinero lo tienen otras tres empresas encima de la mesa: casi ninguna venta se cierra a la primera, y nadie tiene apuntado a quién le toca la siguiente llamada.
Aire, bomba de calor, ventilación y aislamiento.
El primer día de treinta y cinco grados te entran en una mañana las llamadas de un mes, y el que coge el teléfono es el mismo que tenía que estar montando. Con solar y aerotermia ya no tienes temporada baja: tienes dos temporadas altas seguidas y la misma persona apuntándolo todo.
Urgencias, reparaciones y mantenimientos periódicos.
Urgencia es un sin luz o una fuga de agua. Lo demás espera al martes, pero por WhatsApp todo entra igual de rojo. Y una reparación no lleva presupuesto, aunque te entre por el mismo sitio que el calentador nuevo. El sábado, si quien mira el móvil lo suelta, la empresa no contesta.
Fibra, redes, CCTV, antenas, porteros y centralitas.
El WhatsApp te entra mientras estás subido a la torre y lo miras seis horas después. En un pueblo el miedo no es quedarse sin trabajo: es que el cliente se queje y lo sepa todo el mundo antes de que tú te hayas enterado.
Reforma integral, obra de vivienda, coordinación de gremios y certificados.
El cliente dice quítame dos placas y para él es una frase. Para ti es rehacer memoria técnica, cálculos y planos. Y tu operario necesita saber sus horas, no lo que le cobras al cliente: mantener esas dos verdades separadas lo haces a mano.
Depuración, climatización, mantenimiento y averías de temporada.
La piscina te la piden en julio y se construye en enero, así que la petición que entra en plena temporada tiene que sobrevivir medio año sin perderse por el camino. Y tu técnico de ruta ve trabajo en cada visita, una bomba que hay que cambiar, un clorador que falla, pero eso se comenta en la furgoneta y no lo apunta nadie.
Extintores, BIEs, detección, retimbrados y revisiones periódicas.
Cada extintor y cada BIE tiene su fecha, y esas fechas no las pones tú: las marca la normativa, con retimbrados y revisiones trimestrales y anuales que hay que hacer sí o sí. Pero los avisos y esas revisiones programadas entran por teléfono y por WhatsApp, mezclados con todo lo demás, y llevar la cuenta de qué toca y a quién la llevas en la cabeza. Un vencimiento que se pasa es un cliente fuera de norma y un problema para ti.
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