Miramos tu caso, te decimos qué se puede automatizar y qué no, y construimos la pieza que falta. Con una condición: si no te va a devolver horas o dinero, te lo decimos y no se construye.
Empezamos mirando, no vendiendo: qué haces cada día, dónde se te va el tiempo y qué se repite.
Te decimos qué merece la pena automatizar y qué no. Lo que haces cuatro veces al año no se toca.
Trabajamos sobre tus herramientas. No te cambiamos el programa ni te pedimos que aprendas nada.
El alcance queda escrito antes de empezar: qué entra, qué no entra y de qué respondemos nosotros.
Si no lo sabemos hacer, te lo decimos. Preferimos perder el trabajo a prometer algo que no podamos cumplir.
Sin preparar nada. Lo que te hace quedarte el viernes por la tarde.
Cómo entra el trabajo, por dónde pasa y en qué punto se atasca.
Con lo que se puede hacer, lo que no, y qué te va a devolver de verdad cada cosa.
En modo supervisado primero. Tú ves cada acción antes de que trabaje solo.
Una frase del cliente,
tres días de trabajo tuyos.
El cliente dice quítame dos placas y para él es una frase. Para ti es rehacer memoria técnica, cálculos y planos. Casi todo lo que se automatiza bien en una instaladora es de este tipo: algo que suena pequeño, que pasa muchas veces y que nadie ha contado nunca cuántas horas cuesta al año.
Responde 5 preguntas, se tarda 2 minutos, y te llamamos nosotros.
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